Estás frente a una pintura de 1934. Dos luces cálidas la alumbran, es el único elemento que cuelga en la pared blanca. Apenas se escuchan oleadas de murmullo que van y vienen por los pasillos. “¿Qué es esto?”, te preguntás. “¿Por qué es tan importante?”. 

El instante de contacto con el arte es solitario. Partimos de un supuesto: si alguien puso esta pintura acá es porque hay algo que tengo que saber apreciar. Pero, cuando lo magnífico se nos escapa, quedamos afuera.

Nosotros, que hacemos bots todos los días, creemos que la solución es un bot. Sí, un bot en un museo puede ser un guía amigo que te acompañe, te dé información clave y ayude a ver cosas en el lienzo que antes no veías. En BeBot creamos el Playground para extender los límites de nuestras tareas diarias y cambiar de roles. Casi como cuando éramos niños y jugábamos a disfrazarnos. Así fue que le dimos vida a Vincent Van Bot y Cheli: dos prototipos que comparten el museo como escenario principal, pero tienen funcionalidades y destinatarios diferentes. 

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Vincent Van Bot

Vincent es un explorador rebelde que no pierde ni un segundo para hablar sobre cultura. Él tiene una intuición: las personas pispean los cuadros, los ven de reojo como si quisieran disimular su interés. Por eso, dirige recorridos interactivos que enseñan a mirar de lleno, con la curiosidad a flor de piel. 

La cadena de diseño empezó por un brainstorming del equipo. Todos recordaban museos de otras ciudades porque es común visitarlos cuando estamos de viaje, así que los turistas se transformaron en uno de los grupos de usuarios target de Vincent. El otro son entusiastas locales: aquellas personas que saben la enorme oferta artística que tiene su ciudad y no quieren perderse de nada. Mi papá, que a mis diez años me llevó al Bellas Artes todos los domingos, entra en esta categoría.

A la hora de pensar en sus funciones, el equipo tuvo en cuenta las necesidades de las personas usuarias, pero también las de los museos. Así, por ejemplo, la propuesta de que Vincent venda entradas tiene distintos beneficios. Desde el punto de vista del negocio, Vincent puede visibilizar los descuentos, ofrecer entradas en los días en los que la tasa de visitantes decrece. Para las personas, comprar vía QR por WhatsApp es una alternativa más rápida que hacer la fila. 

Antes de llegar al museo, Vincent le manda a sus usuarios un mapa o un gif con indicaciones (su naturaleza de explorador hace que las sepa todas). Una vez dentro, les pregunta cuánto tiempo tienen. Algo que a simple vista parece inocente, en realidad apunta a la personalización en grano fino. No es lo mismo recorrer un museo en una hora, una tarde o veinte minutos.  

En la puerta de la sala te enlista las obras que vas a encontrar. De ahí en más queda en tus manos. Podés interiorizarte en una pintura, en los movimientos artísticos o aprender un popurrí de cada una. Con Vincent Van Bot no hay camino fijo, ni flechas en el piso que te marcan por dónde doblar, hay herramientas para andar al ritmo de cada uno.

Cheli 

Cuando mi papá me llevaba todos los domingos al museo, me aburría. Claro, es aburrido ir cada semana al mismo lugar a ver lo mismo. Pero además no entendía qué tenía que ver. Sentía que algo era lindo o feo, que algo tenía colores que me gustaban, que una manzana parecía más real que otra, y no más. 

Al lado de algunos cuadros había un texto con información importante. La letra era minúscula y las palabras, de tan rebuscadas, se me hacían ajenas. Papá me lo leía en voz baja y aún así entendía un cuarto de las cosas. Mi yo de diez años no era el destinatario de ese texto. Para disfrutar mucho más la experiencia, me hubiera servido tener un bot. De hecho, a los dos nos hubiera venido bien: mi papá con Vincent; yo, con Cheli. 

El segundo equipo de BeBot que participó en el Playground decidió considerar al rango etario como variable y diseñó a Cheli, el bot que hace honor a Botticelli

Dos personajes animados sirvieron de referencia para construir a su User Persona, Coraline Jones y Dipper Pines. Ambos son inteligentes, astutos e inquietos. No es fácil atraparlos con cualquier cosa, pero cuando un tema despierta algo en ellos son capaces de aprenderlo todo. Para eso necesitan un estímulo a la altura: que los desafíe, no se estanque y, por supuesto, no los trate infantilmente. 

Cheli es un picaporte que transforma curiosidad en conocimiento. Está pensado como un bot todo terreno que acompaña a sus usuarios de entre nueve a trece años en distintos momentos de la visita guiada: antes, durante y después. También ofrece la posibilidad de hacer un tour virtual. 

En la teoría el prototipo sonaba increíble, pero en la práctica tenía varias aristas: ¿Cómo escribir algo acorde a esas edades dispares entre sí? ¿Cuál es el valor de mercado? Al mismo tiempo, el diseño debía ser atractivo también para los tutores de esos niños y niñas porque si ellos no le encontraban valor al bot, difícilmente llegaría a sus manos. 

bot

Al equipo se le ocurrió encararlo con una lógica de desafíos, acertijos y recompensas. Así, el proyecto tiene dos pilares centrales. Por un lado, la curaduría de palabras simples y claras. Por otro lado, la gamificación como medio para generar engagement y participación activa. 

Cheli cuenta cosas que quizás nunca te habías puesto a pensar, como “¿Por qué Frida Kahlo pintó tantos monos?”, pero también te pregunta cuántos autorretratos crees que hizo. Sigue la premisa de que el conocimiento lo creamos entre todos. Entonces, aquello que cuelga de una pared, inmóvil, impoluto y estático cobra vida con cada mirada crítica, con cada hipótesis que las personas usuarias pueden imaginar de la mano de Cheli. 

Escribí al comienzo del texto: “El instante de contacto con el arte es solitario”, pero creo que Vincent Van Bot y Cheli piensan diferente. Para ellos, la observación pasiva en una sala blanca, en silencio y curada por los mejores especialistas no alcanza. Para ellos, el arte nos atraviesa cuando nos animamos a ver más allá, a conocer las historias detrás y a compartirlas. Estos bots ya están listos para darnos el primer empujón, ¿vamos al museo?

Artículo escrito por Micaela Cañal de BeBot Design

Por Bebot

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